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Desarrollo de los sentidos en el geriátrico Vora Balís

La sala está preparada. Suena música de fondo y la mesa se ilumina intermitentemente, en espera de las protagonistas. Antonia, Pilar, María y Angelina entran por la puerta. No suelen coincidir en actividades en grupo, así que aprovechan este momento para charlar entre ellas. Se sorprenden por la oscuridad de la sala y los colores que muestra la tabla. “Qué bonito”, dice Antonia, “¿verdad? “Sí”, contesta Angelina.

Repartimos diferentes objetos en la mesa de luz y hablamos de los conceptos translúcido y opaco. Con la teoría bien aprendida comienzan a clasificar el material, mientras intercambian opiniones y llegan a un entendimiento.
A continuación, retiramos parte del material y añadimos unos palos de madera en la mesa. Tienen libertad absoluta para hacer con ellos lo que quieran y terminan construyendo un hogar. Llenan el tejado con piedras y la casa con macarrones. “Son las tejas y los ladrillos”, dicen María y Pilar. Antonia y Angelina, que están al otro lado de la mesa, aprovechan los postes restantes para formar la palabra hogar.

Todo hogar necesita unos habitantes o inquilinos. Y probablemente por eso deciden escribir sus nombres en la siguiente actividad. Con todas las letras que tienen sobre la mesa forman sus nombres y el del que ahora es su hogar: Vora Balís.


Acabamos dibujando sobre la arena: AMOR y VIDA, escriben… Sobran las palabras.

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