Motricidad fina, memoria y juegos en la residencia Vora Balís

Sala oscura, música de fondo y mesa iluminada. Encarna y Bea entran por la puerta. Se miran la una a la otra con cara de sorpresa y sonríen. No se esperaban este ambiente. Tampoco se esperaban hacer una actividad las dos juntas con una mesa de luz. Preguntan qué harán mientras se acercan a la mesa y se sientan en las sillas que hay al lado. A su alrededor se distribuye toda una serie de material que irán utilizando a lo largo de la sesión.

Empezamos trabajando la motricidad fina. Poco a poco van clasificando los objetos que hay sobre la mesa, según su tipología, tamaño y capacidad translúcida. Por cada clasificación acabada la tabla cambia de color. Ellas trabajan en equipo y se comunican en todo momento para ayudarse la una a la otra y avanzar en su objetivo.

Aprovechamos que tenemos todo el material bien clasificado para guardarlo en su sitio y llenar la mesa con objetos diferentes. Es el turno de las letras. La mesa está llena de letras colocadas de manera aleatoria. Encarna y Bea las miran y se preguntan «¿y ahora qué?» Ahora, daremos forma a los pensamientos formando palabras. Lo que les viene a la cabeza lo han de escribir con las letras que tienen delante. Con mucha paciencia y buscando todas las letras que necesitan van formando palabras y, sobre todo, nombres. Forman sus propios nombres, nombres de profesionales de la residencia y nombres de familiares y amistades. Mientras forman los nombres van explicando quiénes son estas personas y por qué las han escogido. Inician una conversación que termina entre sonrisas y cogidas de las manos.

El tiempo se nos echa encima pero todavía podemos hacer una última actividad con la tabla. Jugamos al marro, más conocido como Tres en raya. Colocamos la plantilla y buscamos un color de fondo. Se deciden por un verde lima que destaca las líneas. No conocen las normas pero una vez reciben la pertinente explicación comienzan la ronda de partidas. La primera acaba en tablas y ambas han dejado pasar la oportunidad de colocar las tres fichas seguidas.

En la siguiente partida se las hace reflexionar cada vez que tienen oportunidad de ganar o perder la partida. Y a partir de ahí, todo rodado. Juegan solas, sin parar, una partida tras otra. Cuando Encarna deja pasar una oportunidad, Bea se lo comenta. Cuando Bea pierde el movimiento ganador, Encarna le avisa. En total juegan ocho partidas: cuatro victorias para Bea y cuatro victorias para Encarna. Ellas deciden dejarlo en empate, no quieren jugar una partidda más. Han pasado un buen rato y salen contentas.

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